La Habana, mi linda Habana

La Habana, mi linda Habana

jueves, 27 de enero de 2011

LOS CUBANOS

 Cuando Dios hizo al mundo, quedó tan asombrado por la bonitura de su obra, que dejó caer entre los dedos cascajos involuntarios que fueron la más bella chambonada de la creación: el archipiélago cubano. 
 
Conmovido por la feliz casualidad, no puso en él ni fieras ni escorpiones,
ni víboras ni volcanes, ni cosa alguna que lastimara a los soñadores de la intemperie.
Fue así que con el tiempo y los sucesos nació lo criollo en el aluvión de las razas, golpe de amor y faena, en la obsesiva añoranza de ser
país, nación, desmesura de lo suyo.

De España heredaron la adarga y la terca altanería quijotesca; de Africa el pié fácil para el baile, el oído musical, la sonrisa a ultranza; de China la tenaz resignación y el misterio; de Francia la discreta elegancia
del amor en pareja y los adornos de la vida.

Todo el aire que respiran viene del mar, la arena de sus playas es como polvo de oro, en su tierra la semilla germina sin ayudas, no tienen inviernos ni veranos, sino todo lo contrario, con una media de 25º C.  imprevistos y efímeros aguaceros y una corta temporada en que las masas
frías anulan algunas horas el paisaje.

Al cubano le gusta el buen vivir sin debérselo a nadie y para conseguirlo ejercita todas sus artes y mañas, apela a la suerte, a lo divino, o lo resuelve con picardía tropical. Aunque todavía usan bueyes para roturar la tierra, ya se ven desde el cosmos y comprueban que los cartógrafos no se equivocaron al dibujarlos con silueta de caimán.


Apuestan siempre a tener lo mejor, ya sea la mujer o la tumba, los zapatos
o el sillón del portal. Les gusta la mesa bien servida, el menú diverso, la suma sabrosa del congrí, el pollo frito y los tachinos, el tasajo con boniato,el picadillo con papas fritas, el puerco asado y la yuca con mojo, los frijoles negros, el huevo frito, el chilindrón, el fricasé o el ajiaco resucitador.
Son también apegados al dulce, los cascos de guayaba con queso, el ajonjolí y la garapiña, el boniatillo y la raspadura, los merengues y caramelos, pero lo mejor de su dulce azúcar pasa por los alambiques y termina en los
toneles donde se añeja un ron superior. Y al final, la imprescindible tacita de café, sabroso, aromático, y el habano de perfume sonsacador,quizás lo único que les sigue identificando con los primeros cubanos.

Pero también saben sentarse a la mesa escasa, si no hay pan comen casabe,
todos los días repiten el milagro de los panes y los peces, son inventores audaces de la sobrevivencia.
El cubano lo sabe todo, lee los periódicos entre líneas y solo necesita un par de cervezas para arreglar el mundo.

Eso sí, es de memoria flaca,
no devuelve libros prestados y sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena. La necesidad ha sido su maestra, el orgullo su consejero, pero atienden más a las razones del corazón que a las evidencias de la oportunidad y la conveniencia.

Son gente de paz, no les ciega la victoria, pero no saben perder. Enfrentaron la dominación colonial con coraje, pelearon en condiciones inferiores contra tropas más numerosas que la suma de las emplazadas contra O´Higgins, San Martín, Bolívar y Washington.

Entre ocho mil especies de su rica flora adoran a la ceiba; respetan la palma real, árbol nacional; su flor es la mariposa; y el ave nacional es el tocororo.

Su deporte es la pelota, su juego el dominó, con piezas que suenen fuerte sobre la mesa. Necesitan muy poco espacio para ser felices: saben multiplicar los domingos, son fiesteros, desinhibidos, noveleros, rehusan el tratamiento de usted, entran en las casas hasta la cocina, se burlan de su propia desgracia, hasta en los funerales se cuentan chistes.

Son el mejor amigo del perro, cohabitan también con gatos, cotorras y gallos finos. Les gustan las azoteas, los balcones, el rumor de las
guitarras y los ríos, el resplandor bullicioso del carnaval, la playa,
el malecón, la guayabera, la cerveza helada. Son dicharacheros, escandalosos, desmesurados. Hijos del cálido clima en los límites tórridos, se les tilda de violentos, improvisadores, tropicalmente despaciosos, amigos del choteo y del relajo, expansivos, inconstantes, derrochadores, presumidos.

Desprecian a los delatores, envidiosos, a los cazadores de oportunidades ajenas, detestan la ambición, la mentira y la avaricia, la doble cara y el lamento. Saben apreciar lo grandioso de la menudencia, la brevedad de la vida, el sentido obligado de la reciprocidad, aunque, como dijera un patriota, a veces no llegan y otras se pasan.

Creen en el azar, el martes trece y los horóscopos, en la cartomancia, el biorritmo y el mal de ojos. Tienen varios dioses y cielos,su Olimpo está disperso de Nairobi hasta Roma. Cuba es hacendosa y constante, candorosamente hospitalaria, espontánea, solitaria, material noble para cualquier noble empeño. Es también una palabra bonita como guaracha,mulata, guateque, siboney.

Son buenos en los oficios y artes, y también en el amor, que hacen con vehemencia y concediéndole tiempo al encanto. No les asustan los huracanes ni los augurios, si se miran a un espejo, ven la buena voluntad con biografía complicada.

Son, en fin, lo que son:


CUBANOS



















domingo, 16 de enero de 2011

Recuerdos de mis quince años


Reviviendo recuerdos, al cumplir mi nieta sus quince años, me puse a ver en el cajón de los recuerdos las fotos de cuando yo tenía esa edad. ¡Edad maravillosa! En que uno está lleno de ilusiones y sueños, y se cree  que todos se van a realizar.
En verdad, las cosas han cambiado, pues de mis quince años hace 47 años, casi nadaaaaa.
Les  cuento que en  Cuba los quince años son una fecha especial para cualquier chica, es lo que marca su paso de niña a adolescente, no digo adulta aunque muchas se creen que lo son al alcanzar esta edad, porque la mayoría de edad no es hasta los 18 años.
Actualmente a pesar de las penurias económicas, cada chica sueña con sus quince, y cada mamá se exprime al máximo, y recaba la ayuda de toda la familia para que su niña no se quede sin quince. Lo primero son las fotos, una verdadera odisea como si fuera una modelo, se cambia de vestido innumerables veces, ya imaginarán cuanta ropa hay que comprarle, aunque a veces es prestada o facilitada por la empresa particular del fotógrafo. La maquillan como a una artista de cine, le ponen poses super ficticias, y hay una foto especial que a mí nunca me gustó, la foto saliendo de la ducha envuelta en una toalla, me parecía fea y de mal gusto.
Bueno, después de las fotos viene la fiesta, que en algunos casos, y según los deseos de las chicas y el poder adquisitivo de los padres puede ser de parejas con coreografía de baile, como si de un show de un cabaret se tratara, o puede ser una fiesta sencilla, o un viaje a la playa a alojarse en un hotel, cosa novedosa para los cubanos de ahora. Como se pueden imaginar, todo esto hace un gran agujero en los ahorros de los pudientes, y mucho más en los medio pudientes, pero siempre me he preguntado como casi todos los padres pueden celebrarlo, no sé cómo, pero en  Cuba ninguna chica se queda sin celebrar sus quince ni sin sus fotos, las que luego está enseñando durante un año, o más a todas sus amigas como un trofeo, jajajaja.
Mis quince, 47 años atrás no fueron así, las cosas eran más sencillas, a pesar de que mi familia tenía un buen nivel económico, no había esas costumbres tan complicadas. Yo no quería fiesta, porque en la adolescencia tuve mis majaderías, pedí una fiestecita pequeña para divertirme bailando, pero que va, enseguida mi querida tía Nina, dijo que no, que eso no podía ser, pues les aclaro, que si las cosas eran menos complicadas, la importancia de los 15 años era la misma para todas las muchachas. Esa edad marcaba que nos dejaran empezar a pintarnos los labios, que pudiéramos afeitarnos las piernas y ponernos faldas estrechas, vestirnos como jovencitas y usar tacones. Bueno, el caso fue que mi prima Tere había cumplido los 15 un año y medio antes, y mi tía le preparó una fiesta lindísima, mi padre la ayudó económicamente para que todo pudiera salir bien, y ella ahora se veía obligada a que yo también tuviera una fiesta igual.
Ahora se lo agradezco, porque me organizó una fiesta maravillosa, en el mismo lugar que la de Teresita, pero más linda todavía. Viendo las fotos me vienen tantos recuerdos a la mente como no se pueden imaginar. Mi tía era muy detallista, y lo organizó todo perfectamente, agrupó a los invitados con otros que fueran amigos, y que tuvieran los mismos intereses y parecida edad. La verdad que todo el mundo la pasó muy bien.
Mi fiesta era de parejas, catorce parejas que bailaban una coreografía, y mi pareja y yo hacíamos la 15. El coreógrafo fue Fabelo, un señor que se dedicaba a eso, además de ser trabajador bancario y tenía un gusto maravilloso para hacer coreografías. Pero nada de efectos espectaculares, de brincos ni de poses estudiadas, todo muy natural, jajajaja, no como hoy en día que parece que el show de Tropicana lo llevan a los salones de baile. Y nada de cambio de trajes, yo pasé toda mi fiesta con el vestido largo ese que ven en la foto, y nada más, me divertí de lo lindo, pues todos éramos amigos, y bailamos hasta las 2 de la mañana.
No nombré “el pique”, que es la fiestecita que se hace una semana después de la fiestona, en la casa y adonde van las 14 parejas que bailaron el vals de 15 y otras amistades cercanas, y dónde los jóvenes suelen divertirse aún más que en la fiesta convencional.
Bueno, yo no quería fiesta, pero tuve fiestona, y pique, y además como ninguno se celebró el mismo día de mi cumpleaños, también tuve un viaje al Cabaret Parisién con 7 parejas de mis amiguitas y sus novios, ese día.  La fiesta no se celebró el día de mi cumpleaños por problemas con el local, ya que en esa época estaban los cambios de la Revolución en su apogeo, y el salón lo iban a cerrar para poner una escuela de milicias allí y hubo que adelantar la fiesta. El salón era el Sierra Maestra del Hotel Habana Libre, el anterior Hilton de La Habana, que estaba en el piso 25 con una vista panorámica de toda la ciudad preciosa, no se podía escoger un lugar más hermoso que ese para una fiesta de quince años.
Hubo problemillas, derivados de la situación de los cambios revolucionarios, pues cuando algunos vieron que se iba a celebrar una fiesta particular, en que no podía entrar “todo el pueblo” dijeron que iban a sabotear esa fiesta de esos burgueses, y que iban a entrar a la fuerza. Bueno, pero no pudieron, porque como estaba tan bien organizada, hasta un compañero de mi padre de la Quinta Covadonga que era miliciano, como casi todos los trabajadores que tuvieron que hacerse milicianos porque sino eran catalogados como contrarios a la revolución, nos ayudó a cuidar el salón, lo pusieron en la puerta cuidando para que nadie pudiera entrar, y se neutralizó la situación.
En mi época no se pensaba en comprarse muchos vestidos para esa fecha, ni hacerse muchas fotos ni nada de eso, con el tiempo, todo se volvió más rebuscado, y hasta video clips le hacían a la muchacha bailando y cantando como su artista preferida, yo siempre he pensado que era una exageración toda esa celebración, “de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”.
Aquí en España no se celebran los quince años. La fiesta principal de todo niño es su Primera Comunión y se celebra a bombo y platillo, con una cena costosísima y regalos caros.
Mi nieta cumplió sus quince, el día 12 de este mes, y subí al blog el enlace de su fiesta. Quedó muy buena, pero nada al estilo de Cuba, un baile en una discoteca con sus amigos del Instituto, y se divirtió mucho, pero no podía faltar la costumbre cubana, del pique, y el día 12 le cortamos una tarta con cuatro de sus amigas y bailaron ellas un buen rato, pues la fiesta fue el sábado 8 en Kudhabi Oviedo.

martes, 11 de enero de 2011

Les dejo el link de las fotos de los 15 de Jenny, mi nieta.


Aquí les dejo un recuerdo bien bonito de las fotos de los quince años de mi nieta Jennifer, que se celebró el sábado pasado en la discoteca Kudhabi de Oviedo. La pasó fenomenal con sus amigos y compañeros del Instituto de La Corredoria. 
¡¡¡¡Mil felicidades mi querida Jen!!!! 
"  Mi rayito de sol en un día nublado, como le digo yo desde que nació".

sábado, 1 de enero de 2011

Mis primos y yo


Revolviendo en el cajón de los recuerdos, encontré esta foto que me hizo reír a carcajadas. La de la izquierda soy yo, como ven una niña obesa, carona y muslona como la que más, jajajaja. Mi madre era una amante de la gordura, ella decía que "la gordura es la hermosura y la flaquencia la feencia", y se afanaba por tenerme bien gordita como ustedes pueden ver en la foto. Como no quería beber leche, porque no me gustaba mucho, me hacía natilla que me encantaba y me encanta todavía, y me daba hasta 6 pozuelos diarios, ya saben, esa es la receta para tener un niño obeso.
El del medio es mi primo Jorge, del cual he hablado en este blog, era el que nos visitaba y pasaba largas temporadas en mi casa. Cuando tenía tres años, según me contaba mi madre, no le gustaban nada mis visitas a San Diego, y en su lenguaje enredado decía: Ñoooo, que ganas tengo que se vaya Rina!!!, imagínense no lo dejaban jugar mandándolo a callar porque despertaba a Rina que era una bebé recién nacida.
La de la derecha es mi prima Teresita, la hermana que tuve de pequeña, con la cual siempre estaba peleando como buenas hermanas, yo le decía: Eres una "egoirista", porque no me quería prestar las muñecas. Ella siempre fue muy cuidadosa, y con los juguetes más todavía. Y Rina, pues destripaba a las muñecas para ver que tenían adentro, o para operarlas de apendicitis. Las maquillaba, y les cortaba el pelo, con la idea de que seguro que le iba a volver a crecer. Así que imagínense el sufrimiento de Tere si tenía que prestarme una muñeca. Lo curioso es que teníamos las mismas, pues nos las compraban a la par, si mi tía le compraba una a ella, también me compraba una a mi. Y así también hacían mis padres, lo que me compraban a mi, se lo compraban a ella también. Sin embargo, a mi las que me gustaban eran las de ella, pero a ella no le gustaban las mías, y era motivo de discusión constantemente. Cuando nos castigaban, nos separaban y no nos dejaban jugar por una semana. Yo aprovechaba que vivíamos al lado y las casas se comunicaban por el patio y me escapaba, me asomaba a la ventana del cuarto de ella, y jugábamos a través de la ventana, todo un caso.
De todas formas esos son recuerdos muy hermosos para mi. En esta época de mi vida, estoy alejada de ambos, pues Teresita se quedó viviendo en Cuba y no tenemos mucha comunicación, aunque de vez en cuando sabemos una de la otra. Jorge, que vive en los Estados Unidos no tiene mucha comunicación con nadie de la familia. He sabido de él cada 5 o más años y luego se vuelve a interrumpir la comunicación, pues no le interesa estrechar lazos. Tengo otro primo, en Estados Unidos también, pero en la época de esta foto, no había nacido. Crecí sin mucho roce con él, por la diferencia de edad y por vivir muy lejos uno de otro, pero sin embargo, con él si tengo lazos afectivos y comunicación muy a menudo, pues tanto él como yo deseamos esta comunicación familiar. Nuestras madres fueron hermanas y mucho que se amaban, será por eso que ellas nos empujan a tener este lazo afectivo. Bueno, seguiré revolviendo el baúl a ver que encuentro para compartir en el blog. Saludos y Feliz Año Nuevo a quien me lea.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Felices Fiestas y un Año Nuevo lleno de prosperidad!


Les deseo a todos desde mi blog unas Felices Fiestas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Mi época de trabajadora

Hoy recibí un email de una querida amiga desde Cuba, con unas fotos en que estaban varias compañeras y compañeros de trabajo disfrutando de una pequeña fiesta con motivo de la visita de uno de ellos a Cuba, después de varios años viviendo en Estados Unidos.
Ya saben, se me llenó la mente de recuerdos lindos y divertidos de mi época de trabajadora. Estos compañeros de los que hablo, trabajaron conmigo por un período nada despreciable de 25 años, y pensándolo bien, éramos más que compañeros de trabajo, éramos como familia, después de tantos años, compartiendo 8 horas diarias juntos.
Cuando comencé a trabajar en el IDA, tenía 32 años, y era una de las más viejas, pues el promedio de edad de los trabajadores era de 25 años. Esas chicas que trabajaban conmigo en el departamento de Contabilidad, empezaron relaciones de pareja, luego se casaron, tuvieron hijos, y se hicieron mayores todas juntas. Recuerdo la emoción de las demás cuando una de ellas tenía su primer hijo, o las reuniones en la boda de otra.
La verdad que pasamos muchas alegrías y tristezas juntas, además de mil necesidades materiales, algunas nos ayudábamos, otras no, porque como en todo colectivo había gente de todo tipo, y de variados sentimientos, no voy a decir que todo era perfecto.
Tuve una compañera, que era comiquísima, y tenía una “cara durísima”, para decir como los cubanos que era desfachatada y fresca. Recuerdo un día que esa chica y otra más, habían hecho los planes para ir a una cola de una tienda de ropa que iban a surtir de ropita nueva para niños, y ellas habían salido del trabajo, escapándose y marcando un número en la cola, para regresar corriendo al trabajo. Pero debían volver a las 11 de la mañana, para cuando abrieran la tienda a las 12 poder comprar.
Bueno, resulta que la primera vez para coger el turno de la cola se pudieron escapar, pero a las 11 de la mañana ya había llegado el jefe, y no pudieron hacerlo, entonces se pusieron de acuerdo y empezaron una comedia. Yo no sabía que era comedia, y me preocupé muchísimo, porque Cachita, la que era una cómica, empezó a vomitar, se levantaba del buró y corría al baño, y desde allí en el departamento se sentía el golpe del vómito en el váter. Eso lo hizo varias veces, y entonces, la otra chica habló con el jefe para decirle que Cachita estaba muy mal, que la iba a llevar al Policlínico (que estaba muy cerca de la tienda y así escaparse a comprar).
Bueno, como me vieron tan preocupada, me explicaron que era “mentirita”, jajajajaja, Cachita iba al baño, tiraba un jarro de agua de golpe en el váter y ese era el vómito que se escuchaba.
Pero la cosa no terminó bien, porque el jefe les dijo, que no se preocuparan, que su tío era médico del policlínico y quien la iba a llevar era él, para que la atendieran enseguida. El caso fue que Cachita fue para el Policlínico y allí la inyectaron con un Gravinol, para detenerle los vómitos, jajajajaja, volvió para el trabajo sin poder comprar en la cola, y echaba pestes por la boca, se durmió en el buró, por la inyección que daba sueño, y todas nosotras muertas de risa. Anécdotas como ésta tengo un millón, la verdad que la pasábamos muy bien, y he extrañado esos tiempos cantidad al dejar de trabajar.
Cuando vine a vivir a España, eché mucho de menos mis amistades, pues no he podido volver a tener verdaderas amistades. Aquí conozco a muchas buenas personas, y tengo amigas pero no de mi edad. Las de mi edad me miran con desconfianza por no ser de aquí, y no desean intimar más, son relaciones superficiales, además no se visitan nunca, y nosotros los cubanos somos de compartir con los amigos, y de formar una reunión o fiesta por cualquier motivo.
Cada domingo asisto a misa en la misma iglesia, desde hace 5 años, y conozco así como les cuento superficialmente a varias señoras mayores y sus esposos. Una de ellas empezó a saludarme afectuosamente y se sentaba a mi lado, además vive en el edificio de enfrente. Yo le correspondí de la misma forma, pero un día en la calle la saludé y le di un beso, y desde ese día se fue apartando de mí, pues ella siempre estaba con otra señora mayor que parece que es su amiga de toda la vida. Pienso que esa otra señora no le gustó mi saludo, pues aquí ven con desprecio a los extranjeros, sino con desprecio con bastante desconfianza. En la iglesia se mudaron de bancos, y trataron de más nunca coincidir conmigo. No es que me importe mucho, pues ellas no eran mis amigas, pero no deja de asombrarme lo curioso del ser humano, ellas son religiosas, van a misa todos los domingos, comulgan, y según la religión todos somos hermanos, y somos iguales ante Dios, sin embargo, me sucede eso con ellas. La señora con la que tuve empatía, se ve que es muy dulce ya que todos la saludan con cariño, pero se dejó manipular por la otra fácilmente. Mi hija dice que yo soy “complejista”, pero no creo que sea eso, sino que soy sensible y que observo el curioso comportamiento humano. Yo sigo yendo a misa, pues me siento muy bien en la casa del Señor, y a ese detalle le di de lado, pero no pude dejar de pensar la diferencia con los verdaderos amigos que tuve en mi juventud.
Termino este comentario, y espero no aburrirles mucho.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Fotos antiguas








Hace tiempo que no escribo nada para el blog, pero a cada rato publico alguna foto, y me puse a ilustrar con fotos los artículos que ya había escrito, cuando encontrara la foto apropiada. Recibí dos fotos de una prima de mi padre que vive en Estados Unidos y empecé a subirlas al blog, entonces me puse a buscar entre las que traje de mi país, que no son muchas y cuantos recuerdos vinieron a mi mente, eso lo sabe cualquiera que haya salido de su país a vivir en otro, que por muy bien que le vaya, siempre trae consigo todo lo vivido allá.
Yo, por mi parte, hice casi toda mi vida en Cuba, vine para España con 57 años, que es decir mucho más que la mitad de mi vida, aunque no pueda estar segura de cuantos años voy a vivir.
Bueno, dejando la filosofía atrás, hoy voy a subir unas fotos de mis hijos pequeños, que me encantaron, y aunque estaban muy deterioradas, las restauré con Photoshop, y quedaron aceptables.
Me casé joven, a los 19 años, y mi vida no cambió sustancialmente al casarme, seguí viviendo con mis padres, en nuestra casa de Rancho Boyeros, con todas las comodidades que acostumbraba a tener. Me casé muy ilusionada como cualquier jovencita enamorada, haciendo planes de futuro, y arreglando su ajuar.
A los 21 años tuve a mi primera hija, aún no tenía la madurez necesaria para darme cuenta del gran regalo que me daba Dios y la vida con la presencia de ese montoncito de carne que venía a mi vida. Yo quería una niña, y eso fue lo que llegó, fea a matarse, pero era una niña, jajajaja.
Cuando la vi, eso mismo pensé,” que fea está, pero es una niña”. Recuerdo que en el salón de partos había muchos estudiantes, porque la clínica Cardona en aquella época era una clínica docente, y los chicos al ver salir la cabecita de la niña, empezaron a hacer apuestas de si era hembra o varón, yo oía los gritos de ellos divirtiéndose, muchos dijeron, “niña” y cuando se comprobó que así era, los gritos y la algarabía fue tremenda.
La llegada de  mi niña cambió totalmente mi vida, tuve que aprender a vivir por un reloj, respetando los horarios que conlleva un bebé, pasando malas noches, pues no le daba la gana de dormir cuando yo quería, y no teniendo tiempo para mí ni para descansar.
Mi esposo, tampoco pudo ayudar mucho, porque no tenía paciencia, y tenía algunas ideas equivocadas acerca de lo que era un hijo y de su obligación con él.  Me insistía en que un bebé había que dejarlo llorar, porque sino hacía de uno un esclavo, y además pensaba que las malas noches eran solo para mí, porque él tenía que trabajar y que dormir. Yo, en cambio, podía dormir de día. No sé de dónde sacaba que yo podía dormir de día, solamente pensando que él se iba a las 7 de la mañana y no regresaba hasta las 7 de la tarde, se puede entender que pensara eso. Pues mi vida era un corre-corre, de película, lavando pañales, que en esa época no había desechables y en Cuba mucho menos, dándole el pecho a la niña, haciendo las compras de la comida, cosas que para mí no existían antes de llegar mi pequeña y ya  linda bebé. Claro que nunca le hice caso, y no compartí con él ninguno de esos criterios ,a  mi niña no la dejaba llorar por nada del mundo, sólo lo necesario, y las malas noches se las tenía que tragar quisiera o no, porque yo me quedaba en la habitación con la niña gritando, jajajaja, solamente para mortificarlo.
Recuerdo que dormíamos con aire acondicionado en el verano, que fue cuando nació la niña, y la tenía en un coche cuna precioso, que me habían prestado unos amigos, porque en Cuba eso no existía, las cosas de los bebés se heredaban de la familia, las cunas, los coches, los pañales, y la ropita. El  coche era de piel y tenía su capota, y como el cuarto se mantenía frío, pues la niña estaba en él abrigadita. Una  mañana me levanté y bajé a desayunar, la niña dormía en su coche, apagué el aire acondicionado porque el cuarto estaba muy frío y a ella la dejé tapada con su colchita.  Bueno, el caso es que me entretuve más de lo necesario en la planta baja, y cuando subí, la niña gritaba como una loca, estaba roja y sudaba copiosamente, por poco se me deshidrata, bueno, no tanto, son exageraciones mías, pero todo eso pasaba por mi inmadurez, y mi inexperiencia.
Cuando tuve mi segundo hijo, nada de eso me pasó nunca, pude al fin darme cuenta real y cabal de la felicidad inmensa que se siente al ser madre, sin miedo a la responsabilidad que a uno se le viene encima.  Ya mi niña tenía 4 años, cuando llegó mi nuevo bebé. Para entonces no tenía ayuda de nadie, mi madre se había enfermado de los nervios y ya no podía contar seriamente con ella, era cuando ella pudiera y lo deseara solamente. Creo que eso me hizo madurar más rápido. Ya entonces tenía 25 años, y veía la vida de otra forma. Por otra parte, el nuevo bebé dormía requetebién, comía como un animal, jajajaja, y no me daba trabajo ninguno.  No le gustaba que lo cargaran, donde se sentía bien y a gusto era en su cuna, así que pude vivir más tranquilamente.
He leído que eso pasa precisamente, porque los dos niños no tuvieron la misma madre, la de mi primera hija, era una chica egoísta, sin obligaciones, que veía cambiada su vida bruscamente por ese ser diminuto y chillón que no le dejaba un minuto libre. Sin embargo, mi segundo hijo, tuvo una madre ya experimentada, con obligaciones claras, y que sabía muy bien lo que llegaba a su vida. Por eso pienso que las mujeres no debían tener a sus hijos muy jóvenes, no sólo por ellas, sino por los niños también.
Bueno, quiero decirles, que esa fue la etapa más feliz, y más linda de mi vida. La crianza de mis dos hijos, que llenaron mi vida de luz y de alegría, así siempre lo recuerdo. Disfruté muchísimo esta etapa, volví a vivir mi infancia con ellos, conocí a sus amiguitos y hasta jugué con todos ellos. Cuando empezaron en el colegio, pues les ayudé a estudiar y hacer los deberes, en tres palabras, viví para ellos. En esa época no trabajaba, empecé a trabajar, cuando el más pequeño empezó en el colegio, y ya la niña estaba en quinto grado, y no me arrepiento, pues al final, he comprobado que el trabajo no es lo más importante en la vida, ni sentirse satisfecha profesionalmente, aunque les aclaro que logré mi satisfacción profesional  más tarde. Pero “lo profesional” no me ha acompañado en los momentos duros de mi vida, y mis hijos si. Recibo de ellos el mismo amor, que siempre les di, con mucha alegría, y sé que ellos se sienten bien a mi lado,¿ qué más puedo desear de la vida?.
Bueno, pienso, que puedo desear ganarme la lotería, jajajajajajaja.