La Habana, mi linda Habana

La Habana, mi linda Habana

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Felices Fiestas y un Año Nuevo lleno de prosperidad!


Les deseo a todos desde mi blog unas Felices Fiestas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Mi época de trabajadora

Hoy recibí un email de una querida amiga desde Cuba, con unas fotos en que estaban varias compañeras y compañeros de trabajo disfrutando de una pequeña fiesta con motivo de la visita de uno de ellos a Cuba, después de varios años viviendo en Estados Unidos.
Ya saben, se me llenó la mente de recuerdos lindos y divertidos de mi época de trabajadora. Estos compañeros de los que hablo, trabajaron conmigo por un período nada despreciable de 25 años, y pensándolo bien, éramos más que compañeros de trabajo, éramos como familia, después de tantos años, compartiendo 8 horas diarias juntos.
Cuando comencé a trabajar en el IDA, tenía 32 años, y era una de las más viejas, pues el promedio de edad de los trabajadores era de 25 años. Esas chicas que trabajaban conmigo en el departamento de Contabilidad, empezaron relaciones de pareja, luego se casaron, tuvieron hijos, y se hicieron mayores todas juntas. Recuerdo la emoción de las demás cuando una de ellas tenía su primer hijo, o las reuniones en la boda de otra.
La verdad que pasamos muchas alegrías y tristezas juntas, además de mil necesidades materiales, algunas nos ayudábamos, otras no, porque como en todo colectivo había gente de todo tipo, y de variados sentimientos, no voy a decir que todo era perfecto.
Tuve una compañera, que era comiquísima, y tenía una “cara durísima”, para decir como los cubanos que era desfachatada y fresca. Recuerdo un día que esa chica y otra más, habían hecho los planes para ir a una cola de una tienda de ropa que iban a surtir de ropita nueva para niños, y ellas habían salido del trabajo, escapándose y marcando un número en la cola, para regresar corriendo al trabajo. Pero debían volver a las 11 de la mañana, para cuando abrieran la tienda a las 12 poder comprar.
Bueno, resulta que la primera vez para coger el turno de la cola se pudieron escapar, pero a las 11 de la mañana ya había llegado el jefe, y no pudieron hacerlo, entonces se pusieron de acuerdo y empezaron una comedia. Yo no sabía que era comedia, y me preocupé muchísimo, porque Cachita, la que era una cómica, empezó a vomitar, se levantaba del buró y corría al baño, y desde allí en el departamento se sentía el golpe del vómito en el váter. Eso lo hizo varias veces, y entonces, la otra chica habló con el jefe para decirle que Cachita estaba muy mal, que la iba a llevar al Policlínico (que estaba muy cerca de la tienda y así escaparse a comprar).
Bueno, como me vieron tan preocupada, me explicaron que era “mentirita”, jajajajaja, Cachita iba al baño, tiraba un jarro de agua de golpe en el váter y ese era el vómito que se escuchaba.
Pero la cosa no terminó bien, porque el jefe les dijo, que no se preocuparan, que su tío era médico del policlínico y quien la iba a llevar era él, para que la atendieran enseguida. El caso fue que Cachita fue para el Policlínico y allí la inyectaron con un Gravinol, para detenerle los vómitos, jajajajaja, volvió para el trabajo sin poder comprar en la cola, y echaba pestes por la boca, se durmió en el buró, por la inyección que daba sueño, y todas nosotras muertas de risa. Anécdotas como ésta tengo un millón, la verdad que la pasábamos muy bien, y he extrañado esos tiempos cantidad al dejar de trabajar.
Cuando vine a vivir a España, eché mucho de menos mis amistades, pues no he podido volver a tener verdaderas amistades. Aquí conozco a muchas buenas personas, y tengo amigas pero no de mi edad. Las de mi edad me miran con desconfianza por no ser de aquí, y no desean intimar más, son relaciones superficiales, además no se visitan nunca, y nosotros los cubanos somos de compartir con los amigos, y de formar una reunión o fiesta por cualquier motivo.
Cada domingo asisto a misa en la misma iglesia, desde hace 5 años, y conozco así como les cuento superficialmente a varias señoras mayores y sus esposos. Una de ellas empezó a saludarme afectuosamente y se sentaba a mi lado, además vive en el edificio de enfrente. Yo le correspondí de la misma forma, pero un día en la calle la saludé y le di un beso, y desde ese día se fue apartando de mí, pues ella siempre estaba con otra señora mayor que parece que es su amiga de toda la vida. Pienso que esa otra señora no le gustó mi saludo, pues aquí ven con desprecio a los extranjeros, sino con desprecio con bastante desconfianza. En la iglesia se mudaron de bancos, y trataron de más nunca coincidir conmigo. No es que me importe mucho, pues ellas no eran mis amigas, pero no deja de asombrarme lo curioso del ser humano, ellas son religiosas, van a misa todos los domingos, comulgan, y según la religión todos somos hermanos, y somos iguales ante Dios, sin embargo, me sucede eso con ellas. La señora con la que tuve empatía, se ve que es muy dulce ya que todos la saludan con cariño, pero se dejó manipular por la otra fácilmente. Mi hija dice que yo soy “complejista”, pero no creo que sea eso, sino que soy sensible y que observo el curioso comportamiento humano. Yo sigo yendo a misa, pues me siento muy bien en la casa del Señor, y a ese detalle le di de lado, pero no pude dejar de pensar la diferencia con los verdaderos amigos que tuve en mi juventud.
Termino este comentario, y espero no aburrirles mucho.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Fotos antiguas








Hace tiempo que no escribo nada para el blog, pero a cada rato publico alguna foto, y me puse a ilustrar con fotos los artículos que ya había escrito, cuando encontrara la foto apropiada. Recibí dos fotos de una prima de mi padre que vive en Estados Unidos y empecé a subirlas al blog, entonces me puse a buscar entre las que traje de mi país, que no son muchas y cuantos recuerdos vinieron a mi mente, eso lo sabe cualquiera que haya salido de su país a vivir en otro, que por muy bien que le vaya, siempre trae consigo todo lo vivido allá.
Yo, por mi parte, hice casi toda mi vida en Cuba, vine para España con 57 años, que es decir mucho más que la mitad de mi vida, aunque no pueda estar segura de cuantos años voy a vivir.
Bueno, dejando la filosofía atrás, hoy voy a subir unas fotos de mis hijos pequeños, que me encantaron, y aunque estaban muy deterioradas, las restauré con Photoshop, y quedaron aceptables.
Me casé joven, a los 19 años, y mi vida no cambió sustancialmente al casarme, seguí viviendo con mis padres, en nuestra casa de Rancho Boyeros, con todas las comodidades que acostumbraba a tener. Me casé muy ilusionada como cualquier jovencita enamorada, haciendo planes de futuro, y arreglando su ajuar.
A los 21 años tuve a mi primera hija, aún no tenía la madurez necesaria para darme cuenta del gran regalo que me daba Dios y la vida con la presencia de ese montoncito de carne que venía a mi vida. Yo quería una niña, y eso fue lo que llegó, fea a matarse, pero era una niña, jajajaja.
Cuando la vi, eso mismo pensé,” que fea está, pero es una niña”. Recuerdo que en el salón de partos había muchos estudiantes, porque la clínica Cardona en aquella época era una clínica docente, y los chicos al ver salir la cabecita de la niña, empezaron a hacer apuestas de si era hembra o varón, yo oía los gritos de ellos divirtiéndose, muchos dijeron, “niña” y cuando se comprobó que así era, los gritos y la algarabía fue tremenda.
La llegada de  mi niña cambió totalmente mi vida, tuve que aprender a vivir por un reloj, respetando los horarios que conlleva un bebé, pasando malas noches, pues no le daba la gana de dormir cuando yo quería, y no teniendo tiempo para mí ni para descansar.
Mi esposo, tampoco pudo ayudar mucho, porque no tenía paciencia, y tenía algunas ideas equivocadas acerca de lo que era un hijo y de su obligación con él.  Me insistía en que un bebé había que dejarlo llorar, porque sino hacía de uno un esclavo, y además pensaba que las malas noches eran solo para mí, porque él tenía que trabajar y que dormir. Yo, en cambio, podía dormir de día. No sé de dónde sacaba que yo podía dormir de día, solamente pensando que él se iba a las 7 de la mañana y no regresaba hasta las 7 de la tarde, se puede entender que pensara eso. Pues mi vida era un corre-corre, de película, lavando pañales, que en esa época no había desechables y en Cuba mucho menos, dándole el pecho a la niña, haciendo las compras de la comida, cosas que para mí no existían antes de llegar mi pequeña y ya  linda bebé. Claro que nunca le hice caso, y no compartí con él ninguno de esos criterios ,a  mi niña no la dejaba llorar por nada del mundo, sólo lo necesario, y las malas noches se las tenía que tragar quisiera o no, porque yo me quedaba en la habitación con la niña gritando, jajajaja, solamente para mortificarlo.
Recuerdo que dormíamos con aire acondicionado en el verano, que fue cuando nació la niña, y la tenía en un coche cuna precioso, que me habían prestado unos amigos, porque en Cuba eso no existía, las cosas de los bebés se heredaban de la familia, las cunas, los coches, los pañales, y la ropita. El  coche era de piel y tenía su capota, y como el cuarto se mantenía frío, pues la niña estaba en él abrigadita. Una  mañana me levanté y bajé a desayunar, la niña dormía en su coche, apagué el aire acondicionado porque el cuarto estaba muy frío y a ella la dejé tapada con su colchita.  Bueno, el caso es que me entretuve más de lo necesario en la planta baja, y cuando subí, la niña gritaba como una loca, estaba roja y sudaba copiosamente, por poco se me deshidrata, bueno, no tanto, son exageraciones mías, pero todo eso pasaba por mi inmadurez, y mi inexperiencia.
Cuando tuve mi segundo hijo, nada de eso me pasó nunca, pude al fin darme cuenta real y cabal de la felicidad inmensa que se siente al ser madre, sin miedo a la responsabilidad que a uno se le viene encima.  Ya mi niña tenía 4 años, cuando llegó mi nuevo bebé. Para entonces no tenía ayuda de nadie, mi madre se había enfermado de los nervios y ya no podía contar seriamente con ella, era cuando ella pudiera y lo deseara solamente. Creo que eso me hizo madurar más rápido. Ya entonces tenía 25 años, y veía la vida de otra forma. Por otra parte, el nuevo bebé dormía requetebién, comía como un animal, jajajaja, y no me daba trabajo ninguno.  No le gustaba que lo cargaran, donde se sentía bien y a gusto era en su cuna, así que pude vivir más tranquilamente.
He leído que eso pasa precisamente, porque los dos niños no tuvieron la misma madre, la de mi primera hija, era una chica egoísta, sin obligaciones, que veía cambiada su vida bruscamente por ese ser diminuto y chillón que no le dejaba un minuto libre. Sin embargo, mi segundo hijo, tuvo una madre ya experimentada, con obligaciones claras, y que sabía muy bien lo que llegaba a su vida. Por eso pienso que las mujeres no debían tener a sus hijos muy jóvenes, no sólo por ellas, sino por los niños también.
Bueno, quiero decirles, que esa fue la etapa más feliz, y más linda de mi vida. La crianza de mis dos hijos, que llenaron mi vida de luz y de alegría, así siempre lo recuerdo. Disfruté muchísimo esta etapa, volví a vivir mi infancia con ellos, conocí a sus amiguitos y hasta jugué con todos ellos. Cuando empezaron en el colegio, pues les ayudé a estudiar y hacer los deberes, en tres palabras, viví para ellos. En esa época no trabajaba, empecé a trabajar, cuando el más pequeño empezó en el colegio, y ya la niña estaba en quinto grado, y no me arrepiento, pues al final, he comprobado que el trabajo no es lo más importante en la vida, ni sentirse satisfecha profesionalmente, aunque les aclaro que logré mi satisfacción profesional  más tarde. Pero “lo profesional” no me ha acompañado en los momentos duros de mi vida, y mis hijos si. Recibo de ellos el mismo amor, que siempre les di, con mucha alegría, y sé que ellos se sienten bien a mi lado,¿ qué más puedo desear de la vida?.
Bueno, pienso, que puedo desear ganarme la lotería, jajajajajajaja.

domingo, 24 de octubre de 2010

Tejidos a dos agujas, Tricot





Aqui van las labores a dos agujas, eso si lo conocía desde hace muchos años

Trabajos de tejido a ganchillo

Un pequeño tapete

Ahora quería mostrarles lo que estoy creando a crochet.

Cojín tejido a crochet.











Montajes y marcos de fotos en Photoshop






Sólo me falta compartir algunos de mis montajes de photoshop, haciendo marcos para fotos,espero que les guste.

Découpage y florecillas en porcelana fría




Mis cuadros de pintura acrílica




Aquí pongo otras fotos de mis creaciones.

Algunos de mis hobbys


Hoy se me ha ocurrido que podía compartir en este blog, algunas de las cosas que realizo. En verdad no es que me sobre el tiempo, sino que con los años,buscando cosas que entretegan y mantengan activa mi mente, me ha dado una fiebre creadora de película. Tejo, coso, pinto, hago manualidades, modelo con porcelana fría florecitas, bueno, ya quisiera yo, eso, estoy tratando de aprender a hacerlo a través de Internet, porque en España no hay mucha tradición de estas manualidades de porcelana, por lo menos eso me parece, después de buscar en Internet y de preguntarle a mi profesora de manualidades. Veo que en las tiendas especializadas, no venden muchos artículos para esta técnica, así que creo que mis suposiciones son acertadas.
Se me olvidaba hablar del Photoshop, que un día descubrí las infinitas posibilidades que tiene, y cada día aprendo algo nuevo de él, y hago marcos decorativos para las fotos, fondos de pantalla con mis fotos queridas y con otras bajadas de Internet, bueno, en fin todo lo que se le ocurra a mi cabeza realizar y esté a mi alcance hacerlo. Les pongo algunas fotos.

jueves, 20 de mayo de 2010

Mi familia paterna. Los Martínez de la Cerda.



Los Martínez         



 

 Los De la Cerda





   Tía Lala y Cucú, mi tía abuela y mi prima. 





 Atutita, la bisabuela
Hoy le toca el turno a mi familia paterna, los Martínez de la Cerda. Era una familia de La Habana, por lo tanto más cosmopolita y que vivía con más comodidades que la de mi madre que era de un pueblo de campo.
Mi abuelo, Antonio Santiago Martínez Rodríguez era hijo de un emigrante asturiano, de San Román, que había llegado a Cuba a mediados del siglo XIX. Poco después se casó con una cubana, Calixta Rodríguez natural de Regla y tuvieron 5 hijos, una de las hijas nació también en Asturias. Este matrimonio mantuvo siempre las tradiciones asturianas en la familia, y mi abuelo, a pesar de no conocer España siempre se dedicó a fortalecer las labores de la colonia asturiana en La Habana. El fue vocal de la junta directiva del Centro Asturiano de La Habana muchos años, y personaje muy conocido y querido entre ellos. En mi   casa siempre se disfrutó de la Sidra El Gaitero, que se la regalaban a mi padre los asturianos del Cerro que además de pacientes eran amigos. La fabada estaba presente en nuestra mesa muy frecuentemente, las croquetas eran hechas de la misma forma que en Asturias, cosa que pude comprobar muchos años después al emigrar a esta provincia española. Mi abuelo Antonio, para mí, Papó, era torcedor de tabacos habanos en una fábrica habanera. Recuerdo de él que era una persona muy jovial y pintoresca, hacía poesías, contaba cuentos, coleccionaba envases de cristal, no sé si con idea ecologista o sólo por afición y para mí era muy querido. Cuando lo conocí, ya él no trabajaba, era un jubilado, pero como buen cuentista, me pude enterar de todas las peripecias de su vida. Hizo sus pinitos hasta como político, se postuló para representante, aunque no salió electo, y fue también consejero de educación del municipio dónde vivíamos.
Mi abuela Virginia de la Cerda, o mejor PROTA Virginia de la Cerda, nombre que nos causó mucha risa cuando lo conocimos, y que ni ella misma sabía que era su nombre, hasta que un día sacó una inscripción de nacimiento, que parece que en aquella época no se usaban mucho, porque ella se enteró del nombrecito cuando ya era mayor. No puedo olvidar la cara de mi abuela cuando conoció esto, le parecía algo increíble, llamarse Prota, jajajaja. Como ven en aquella época era una gracia ponerle a los niños nombres tan horrorosos como Petronila o Prota. Virginia era hija de cubanos, el bisabuelo de La Cerda se casó dos veces, la primera vez tuvo 3 hijas, Virginia, mi abuela, que era la mayor, luego Cesarina, y Georgina. La bisabuela murió muy joven cuando las tres niñas eran pequeñas, y mi abuela me contaba que ella tuvo que hacerse ama de casa a los 7 años, su padre le fabricó un banquito para que pudiera cocinar pues no llegaba a las hornillas. Creo que eso fue lo que contribuyó a que ella tuviera un carácter tan fuerte, pues se convirtió de niña en mujer, teniendo las responsabilidades de una casa y la crianza de las hermanas. Cesarina vivió muchos años, y tuvo muchos hijos, pero Georgina murió joven también como su madre. El bisabuelo de La Cerda se volvió a casar al poco tiempo de morir su esposa, con una vecina joven que se llamaba Virginia también. Mi abuela me contaba que enseguida empezaron a llegar los bebés de nuevo, y entonces nacieron sus otros hermanos, pero ella siguió con sus obligaciones, ayudando a criar a los cuatro que nacieron de este matrimonio. Todos fueron muy unidos, en realidad se querían muchísimo, y todos le decían a mi abuela “Nené” que era para ellos como una segunda madre. Atutita que así bautizamos a Virginia la bisabuela nueva, era una mujer muy buena y cariñosa, y todos los nietos, los de ambos matrimonios le decían Abuela.
A pesar de sus obligaciones en la casa, mi abuela estudió y se hizo maestra, tenía una sólida cultura, y carácter muy fuerte, asi cuando yo era pequeña la conocí como directora de la escuela primaria de Rancho Boyeros, que se llamaba General Alemán.
La vida no la trató muy bien, y era amargada, aunque tenía un buen sentido del humor. Tuvo la desgracia de perder a su madre siendo niña pequeña, y luego la vida no la compensó, porque perdió a su esposo y a sus dos hijos jóvenes, y ella vivió hasta los 80 y tantos años, con mente lúcida y muy dispuesta para hacer de todo.
Tenía grandes habilidades, sabía coser, bordar, cocinar, era una repostera magnífica y en la costura hacía hasta un traje de hombre si se lo proponía y todo de forma autodidacta. Pintaba muy bonito, estudió en la Academia de San Alejandro, de dónde salieron todos los grandes pintores cubanos, hacía modelados con cerámica fría, en fin todo lo que se proponía salía de sus maravillosas manos. Un día nos contaba que mi abuelo tenía un pantalón hecho con una tela que se estiraba mucho, y se iba a trabajar con él, y cuando regresaba, pues venía con el pantalón arremangado porque se había estirado. Ella pacientemente le cogía el dobladillo, y cuando se lo volvía a poner pues pasaba lo mismo. Hasta un día que se decidió a zafar todo el pantalón y con la tela le hizo un traje de chaqueta a mi tía, y le sobró, no sé si era exageración, porque sacar de un pantalón un traje completo, jajajaja, pero bueno, nos reíamos con sus cosas.
Virginia y Antonio tuvieron dos hijos, primero mi padre Mario Antonio Martínez de la Cerda, y luego una niña que se llamó Georgina en honor a la hermana de ella muerta, pero que siempre fue conocida por Nina, mi querida tía.
Nina y Mario se querían muchísimo y eran muy unidos. Nina era maestra hogarista, y trabajó años como maestra de preescolar. Y mi padre, como ya les he contado se hizo médico.
Al pasar los años, mis padres se casaron y salieron de la casa familiar para vivir en una casa al lado que se comunicaba por el patio. Nina se casó y siguió viviendo con mis abuelos. Mi tío político era un hijo de español, que era oficial de la Marina, se llamaba Gonzalo Eduardo Mora, y yo siempre le dije Pepén. Para mí fue un tío verdadero, y lo quise siempre así. Ellos tuvieron a Teresita mi única prima, que para mí siempre ha sido como una hermana. De pequeñas nos vestían iguales, nos compraban los mismos juguetes, y como buenas hermanas pues no dejábamos de pelear continuamente. Yo no tuve hermanos, y ella tuvo una media hermana por parte de padre pero bastante mayor que ella. Así que pienso que para ella yo también fui una hermanita.
Ahora dejo este comentario, para descansar yo y hacer descansar a cualquier posible lector, ya que cuando empiezo a escribir, pues parece que me han puesto un motor a propulsión, y mis dedos corren por el teclado a gran velocidad. Un hermoso día les deseo a todos.

jueves, 8 de abril de 2010

Las Campa


Mi tía abuela Cosette

Hace ya días que no escribo ninguna anécdota pues he tenido problemillas de salud, pero ya me picó el gusanillo de querer escribir, y aquí me tienen.
Les voy a contar de Las Campa, mi familia en San Diego. El bisabuelo Campa, que no sé su nombre, se casó dos veces. Del primer matrimonio tuvo dos hijas, Petra y Carmelina Campa, y del segundo Peché y Cosette, mi abuela y tía abuela respectivamente.
Las cuatro hermanas eran bien llevadas y así pude conocer detalles de ellas, ya que mi madre tuvo muy buenas relaciones familiares con sus primas.
Carmelina según me cuentan, era muy guapa, pero también muy borde y amargada, por eso se ganó el sobrenombre de “jazmín de 5 hojas”. Al parecer esta planta es muy bella y tiene un perfume embriagador pero su aceite es muy ácido, así que no encontraron nada mejor para calificarla.
Petra, como le decían, pues tenía el “hermosísimo” nombre de Petronila, jajajaja, era una mujer bonachona, gruesa y muy simpática, muy diferente de su hermana.
Carmelina se casó y tuvo una hija que se llamaba Dulce, la prima que más quería mi madre y con la que se llevaba estupendamente. Petra que yo recuerde tuvo también una hija, cuyo nombre era Rina, así que yo soy tocaya de ella. Rina también era muy querida por mi madre, y era una mujer joven llena de alegría como Petra.
Bueno, contándoles de Petra, ella se casó con un jugador de beisbol que jugaba en las Grandes Ligas de Estados Unidos, y siempre estaba de viaje, mientras ella se quedaba con la hija en Cuba. Un día, me contaba mi madre que estaba de visita en su casa, y Petra entró al baño a asearse y se demoraba mucho lavándose sus partes íntimas. Rina su hija, entró al baño y le dijo, pero Mamá que es eso, acaba de salir ya. Y ella muy campante le contestó: Mira, hija, si no come que beba… Jajajaja. Cuento esto a modo de ejemplo de la forma de ser de Petra. Con los años, el marido regresó a Cuba, pues se le “cayó el brazo” como decían de los pitchers que no podían lanzar más.
Las otras dos hermanas, Peché y Cosette eran bien llevadas y vivían en la misma casa, sólo hubo una temporada en que se mudaron a casas contiguas, cuando Cosette se casó, y mi abuela Peché tenía a sus hijos pequeños.
Peché era una mujer culta, muy educada y muy hermosa, pero era más seria que Cosette. Enviudó muy joven, yo no conocí a mi abuelo Cué, que murió cuando mis padres no se habían casado todavía. Los tres hijos la adoraban, por ser ejemplo de madre, y el que vivía con ella era mi tío Gustavito. Vica vivía cerca y mi madre en La Habana a 300 kilómetros.
Cuando mi abuelo Gustavo enfermó de cáncer, como era médico y sabía que se acercaba el final, se mudó a una casa de huéspedes en La Habana, en la calle San Rafael, para tener al médico especialista siempre cerca. Mi abuela Peché lo visitaba todas las semanas, y los hijos iban también a menudo a verlo, entonces se hospedaban en casa de Carmelina que al casarse había ido a vivir a Rancho Boyeros, pues su esposo era de allá. Fue así como se conocieron mis padres. Según los cuentos, mi madre conoció a mi padre, pues él era muy amigo de Dulce su prima, ya que eran vecinos. Un día estaban sentadas mi madre y su prima en el correo de Boyeros y él pasó, y las saludó y le quitó un abanico que mi madre tenía en la mano, así empezó su cortejo, y empecé yo a tener esperanzas de venir al mundo.
Se hicieron novios, y mi abuelo tuvo la oportunidad de conocer a mi padre pero no pudo estar en la boda de ellos, pues el noviazgo duró 7 años, esperando a que él se graduara de médico.
Mi abuela Peché iba a pasarse largas temporadas a nuestra casa en Rancho Boyeros cuando ella se jubiló, a veces se pasaba 3 meses, y cuando ella partía, pues iba Cosette a pasarse otros tres meses, así siempre fue durante toda mi infancia. En las vacaciones iban a veces las dos con mi primo y se pasaban los 3 meses de vacaciones de la escuela en La Habana, disfrutábamos mucho, porque a mis padres les gustaba mucho pasear y todos paseábamos juntos. En estos paseos también participaba mi familia paterna, de la cual aún no he empezado a contar, y que será el tema de mis próximos relatos.

domingo, 28 de febrero de 2010

MÁS DEL VALLE

Quedé en seguir contando acerca de San Diego, pero algo inesperado me lo impidió, me entró en el ordenador un troyano, que me bloqueó todo el equipo, además de dejar a McAffee sin armas, después de poner en cuarentena al dichoso Fake Alert, una desgracia que padecemos todos los internautas a menudo. Bueno, con una tremenda frustración, que me hizo volcarme en limpiar y limpiar como una loca, pues nada de lo que hacía volvía a la vida mi adorado portátil, y después de pedirle a Dios ayuda múltiples veces, se me encendió el bombillito y me acordé que se podía poner el ordenador como salió de la fábrica con la copia de seguridad que hice al iniciarlo la primera vez, y me di a esa tarea. Por cierto perdí muchas cosas y mis fotos, pero como las tenía en Internet fueron fácilmente recuperadas. Ahora vuelvo a contarles recuerdos de mi juventud y niñez, ya que pude solucionar, a Dios gracias, el problema. Aunque creo que me quedó manifiesto que el gran amor de mi vida es el ordenador, vivo tan enamorada de él, que lo necesito para estar tranquila y feliz.
Bueno, sigo contándoles de San Diego. Mi abuela Peché tenía un chofer de alquiler que la llevaba cada día hasta la estación del ferrocarril para tomar el tren que la llevaría a La Juanita donde estaba su escuela rural, ese chofer, no se me olvida, se llamaba Alejandro y tenía un coche antiguo, de esos que en Cuba le dicen Tres patás, porque andaban a patadas limpias. Aquel viaje diario hasta la estación de ferrocarril que distaba unos dos kilómetros de la casa, duraba alrededor de una hora, porque el cochecito se rompía y había que empujarlo. Recuerdo un día que fui con mi abuela y no podía aguantar la risa, para mí era una aventura divertidísima todo aquello.
Mi abuela amaba su trabajo de maestra, y a él se dedicaba con mucha ilusión, una vez llegó muerta de la risa, pues un guajiro, padre de uno de sus alumnos fue a verla indignadísimo, porque decía que él mandaba a su hijo a la escuela a que le enseñaran la leyenda y la escribienda pero no malas palabras, como singular y plural. En medio de la risa por el cuento, ella sintió una gran desazón, porque el atraso en los campos de Cuba era tanto que había que lidiar con la ignorancia de los guajiros a cada rato. Además, también a menudo se le desmayaban los niños que iban a la escuela descalzos, y como ella ya sabía que lo que tenían era hambre, pues mujer precavida al fin, siempre llevaba una lata de leche condensada y galletas para darle a los desmayados, enseguida los niños revivían y seguían aprendiendo.
Las noches en la casa de San Diego eran también dignas de contarse, imagínense que toda mi familia materna incluyéndome por supuesto, padece de pesadillas y además hablan solos.
Mi padre que tenía un oído muy fino, casi no podía dormir en San Diego, decía que se pasaba la madrugada oyendo como rechinaba la madera del techo antiquísimo de aquella casona, y temía que le cayera encima. Pero cuando el sueño ya lo vencía, pues empezaba la función, primero mi tío, empezaba a gritar y a darle piñazos a mi tía dormido, hasta que mi tía lo despertaba. Entonces todo volvía a la tranquilidad, y mi padre trataba de volver a conciliar el sueño. Pero una hora después empezaba mi tía abuela Cosette a gritar también con una pesadilla en el otro cuarto aledaño al de nosotros, y así era cada noche, sino era uno, era el otro, en fin, una función completa. Recuerden que los tabiques no llegaban al techo, y el ruido pasaba como si todo el mundo estuviera en el mismo cuarto.
En el pueblo se conocían todos y se visitaban muy a menudo, o bien se veían en el parque a donde se iba a pasear y a coger fresco en las noches calurosas. Las familias eran conocidas por el apellido, así me acuerdo de Las Palomeque, Las Navales, Los Parjús, Las Ibáñez, y Las Campa, que eran mi abuela y mi tía abuela y el resto de la familia.
De Las Campa, tengo unas cuantas anécdotas chistosas que contaré después. Solo me resta desearles buenas noches.

jueves, 18 de febrero de 2010

La casa del valle

 Mis 10 años fueron celebrados en la "casa del valle", a destacar los tabiques de madera de las paredes.

Hoy se me ha ocurrido escribir acerca de mi familia materna. En verdad era una familia muy típica cubana de un pueblo del interior del país. Mi abuelo materno era de una familia asturiana de apellido Cué, pero él mismo había nacido en Jaruco, un pueblo de la provincia Habana. Mi abuela era natural de Esperanza, en la provincia de Las Villas. Ambos se conocieron cuando él fue a trabajar de médico al pueblo donde vivía mi abuela, que era San Diego del Valle, cerca de Esperanza.
Es precisamente ese pueblo el que recuerdo en mi niñez como un lugar lleno de alegrías para mi. Mi abuela y su hermana tenían nombres rimbombantes, muy propios de personajes de novela: Aurora de las Mercedes, y Carmen María de la Paz, respectivamente. Pero nunca fueron conocidas por ese nombre, eran para la familia y para todo el pueblo, solo Peché y Cosete. Mi abuela tuvo tres hijos, el primero, Gustavo Isacc, luego mi madre, Dora María Caridad, y después la otra hija Olga Regina. Mi tío Gustavito, como era conocido por todos era el mayor. A mi madre le decían Dora, pero mi tía Olga nadie la conocía sino era por Vica. Como ven esos nombres de novela no cumplían ningún cometido, solo aparecían en los papeles legales.
Mi tío Gustavito era el telegrafista de San Diego, y por eso le adjudicaron la vivienda destinada al responsable del correo. Era esa vivienda, la que llamo "la casa del valle". Para mi era muy querida ya que la visitaba dos o tres veces al año, en las vacaciones de verano, por año nuevo y en semana santa, casi siempre. Era un caserón de madera, con techo de tejas, y en la época de mi niñez ya era una edificación centenaria. Las paredes interiores eran tabiques que no llegaban al techo, y con rendijas entre una tabla y otra. Tenía 4 habitaciones grandes, una sala, un comedor, un patio techado donde estaba la cocina y otro al final lleno de flores donde estaba el pozo de agua y el baño, fuera de la casa. Se me olvidaba nombrar el portal, la casa hacía esquina, y estaba construída en bloque con varias casas más y el correo, solo separadas por una pared de madera, el portal de todas estaba unido, dándole vuelta a la esquina y siguiendo por la otra calle.
Al principio el baño era un excusado o letrina, usado corrientemente en el campo en Cuba. Pero con el pasar de los años lo hicieron moderno, con ducha y un inodoro o váter, aunque se mantenía fuera de la casa. Mi madre siempre me bañaba en un platón, dentro de la casa, que era como una palangana pero lo suficientemente grande para que un adulto pudiera bañarse en ella. Para mis necesidades siempre tenía un orinal, y este atraso me maravillaba, cosas que tienen los niños.
En esta casa tenían animales a granel,una cotorra, tres perros, dos gatos. El perro más famoso se llamaba Felipito, y la cotorra que hablaba muchísimo, le decía: Felipitoooooooo, ven, viejo, ven. Y lo repetía constantemente. Cuando tocaban a la puerta, la cotorra siempre decía Vaaaaaa. La pobre vivió muchos años, hasta que tuvo la mala suerte de caerse del palo donde vivía y se la comió un gato.
Felipito también fue longevo y su muerte la lloraron como la de un familiar. De los gatos no tengo mucho que contar, solo que me arañaron una vez y creo que los echaron de la casa.
La familia era grande, muy unida, y gente muy simpática de muchos amigos. Las tertulias en el portal eran hasta altas horas de la noche, haciendo cuentos, y venían visitas de todo el pueblo.
Yo me dormía tardísimo, pues en las visitas venían incluídos los niños y jugábamos hasta tardísimo en el portal. Claro que caía rendida después de jugar a "los escondidos", al "arroz con leche", "a la rueda,rueda", y muchos juegos típicos de los niños de Cuba en esa época.
Mi abuela era maestra de escuela rural, y trabajaba en Cifuentes, en una finca llamada La Juanita. Cada vez que visitábamos San Diego la familia entera iba a La Juanita a ver la escuelita de Peché y a visitar a la familia dueña de la finca que eran muy amigos. A mi nunca me ha gustado mucho el campo, prefiero la playa, pero allí la pasaba de maravilla. No quiero decir en La Juanita, sino en San Diego, donde tuve muy buenas amiguitas, en especial una que se llamaba Lourdes y cuya amistad disfruté hasta que fuimos adultas y ya no visité más el pueblo de mi madre.
Pienso que toda esta familia tenían antecedentes españoles, porque los apellidos no eran los comunes en Cuba. Mi abuelo se llamaba Isaac Gustavo Cué y Elorza y mi abuela Aurora de las Mercedes Alvarez de la Campa e Illance. Los de mi abuelo son típicos asturianos, los de mi abuela ni sé de donde serán.
La tía de mi madre no tuvo hijos, y yo la llamaba Cotete, trabajaba en la oficina de Sanidad del pueblo. Según los cuentos de mi madre, tuvo un único novio que se casó con ella después de un noviazgo super largo. Imagínense que a mi madre y su hermana cuando eran niñas las ponían a jugar delante de los novios para que los cuidara y no hicieran cosas incorrectas, y mi madre se casó primero que ella. Entonces no es de extrañar que no tuviera hijos pues el esposo era un español mucho mayor que ella y el matrimonio duró poco tiempo, al morir él. Sin embargo, no fue una viuda amargada ni mucho menos, era alegre como un cascabel y acogió a los tres sobrinos como hijos propios. Más nunca se volvió a casar, aunque pudo haberlo hecho, pues era una mujer bonita.
Tengo anécdotas de cuando todos nos reuníamos, pero las dejaré para otro día, porque creo que ya he escrito lo suficiente para no cansar a nadie.

viernes, 12 de febrero de 2010

Llegó el carnaval

Semana de carnaval en el colegio de mi nieta. Viéndola como se preparaba con mucho embullo para ir a celebrarlo con sus compañeritos de aula y su maestra, recordé muchas cosas lindas de mi niñez.
Déjenme contarles que en estos tiempos difíciles de crisis económica, los maestros han simplificado la celebración de los carnavales, pues no todos los padres pueden comprar disfraces, así, pues han tenido una iniciativa muy original para celebrar el carnaval con pocos recursos económicos. Los niños fueron el lunes a clases con un adorno en la cabeza, vi pelucas, orejas de Mickey, cascos, y cuanto adorno los padres pudieron inventar. El martes fueron con adornos en manos y pies o en las muñecas y los tobillos. El miércoles con la cara pintada de colores. El jueves vestidos con la mayor cantidad de prendas de ropa posible del mismo color y el viernes con todas esas cosas juntas puestas y un instrumento musical ruidoso para desfilar por el patio del colegio. Mi nieta iba muy contenta aunque al final tuvo un percance, pues la maraca que llevó, que tenía pintado el nombre de CUBA, se rompió, y su mami le había pedido que la cuidara porque era un recuerdo que habíamos traído de nuestro país. Ahí mismo se formó, cuando ella vio que se había roto, era un mar de lágrimas y toda la pintura de la cara se le corrió, se imaginan que desastre de disfraz, jajajajaja. Al final la madre le aseguró que no importaba,que tiraban la maraca y que ya habría tiempo de traer otra de Cuba. Menos mal porque sino corría el riesgo de deshidratarse ya que es muy dramática, de seguro que esa trabajará de artista.
Como les decía, todo este trajín me trajo recuerdos de cuando yo viví esas experiencias. Mientras fui pequeña siempre celebrábamos los carnavales en el colegio donde estudiaba. Primero estudié en una escuela pública de mi pueblo, Rancho Boyeros, donde mi abuela Virginia era la directora. Allí tuve unas maestras magníficas, pero solo hasta segundo grado. Resulta que mi prima y yo, las dos nietas de la directora de la escuela, sacábamos muy buenas notas, siempre cogíamos el premio que daban en aquella época que se llamaba "El beso de la Patria" con los primeros lugares del aula. Por supuesto, enseguida surgió ese gran defecto humano que se llama envidia, y empezaron los comentarios de que cogíamos esas buenas notas por ser las nietas de Virginia. En vista de eso nuestros padres tomaron la decisión de cambiarnos de escuela y así entramos las dos en el Instituto Edison , escuela privada que estaba en el barrio de La Víbora en La Habana. Allí seguimos obteniendo las mismas calificaciones sin ser nietas de la directora, y pudimos obtener una educación magnífica, pues era una de las mejores escuelas de La Habana. Todas mis maestras excepto la de tercer grado, de la cual escribiré en otro comentario,eran unas profesionales admirables, y la base de mi educación fue magnífica. De esta escuela tengo recuerdos muy bonitos, allí los carnavales se celebraban por todo lo alto, montaban un parque de diversiones en el patio de la escuela, y todos los alumnos iban disfrazados con disfraces preciosos. Tuve muchas amigas y amigos en esa etapa de mi infancia.
Creo que tuve una niñez privilegiada, pues era hija de un matrimonio muy bien llevado, y que me dio toda la atención y el amor que necesitaba. Mi padre, que para mi fue además de padre, un amigo, era médico, psiquiatra y mi madre era ama de casa. Fueron novios muchos años, mientras mi padre terminaba la carrera de medicina, la que fue interrumpida en dos ocasiones por el cierre de la Universidad de La Habana. En esa época Cuba sufría bajo la dictadura de Gerardo Machado y para evitar las protestas estudiantiles cerraban la Universidad. Pero el noviazgo duró los 7 años que él estuvo estudiando, de lejos, pues ella vivía en Las Villas, en San Diego del Valle, un pueblito de campo del municipio Cifuentes, y solo se veían dos o tres veces al año.
En mi casa todo eran risas, alegrías y felicidad, por lo menos a mi eso me parecía, de seguro también ellos peleaban, pero nunca lo hicieron delante de mi.
También tuve desdichas, la primera fue el empezar a perder la audición, que para un niño de 8 años es una tragedia griega. Pero las desdichas se las cuento en otra ocasión, porque creo que ya di bastante muela. Buenas noches al que me lea, y si no me lee nadie, pues no pasa nada...

jueves, 11 de febrero de 2010

¡¡¡Qué fríooooo!!!



¡Que frío hay en Asturias! Estamos en 0º, y caen pequeños granizos, y algunos copitos de nieve, porque aquí no nieva mucho ni muy a menudo. Alguien podría decirme: ¿Frío con 0º? ¡Que va, estás equivocada! no sabes bien lo que es el frío, pero bueno, para mi que nací en un país tropical, eso es un frío que pela. Los cubanos nos emocionamos cuando vemos nevar, cosa que solo conocíamos por las películas y a mi personalmente me encanta salir bien abrigada a dar paseos por la ciudad cuando hay mucho frío. Hoy precisamente dimos un lindo paseo por Oviedo, mi consuegra, una amiga y yo. Entramos en un pequeño bar a descansar y conversar y allí nos tomamos un vermouth Martini que nos calentó un poco para seguir en la caminata. Es una costumbre asturiana, salir de tarde a tomar el vermouth o un café, y compartir con los amigos un rato agradable.
Terminamos visitando El Corte Inglés, donde nos compramos alguna "pacotilla". Si quien me lee es cubano, pues entenderá enseguida que quiero decir, si no lo es, pues le explico que pacotilla es una cosa que no tiene mucho valor.
Tengo un defecto que pienso que no sea muy grave, y es que me encanta ir de compras, no soy compradora compulsiva, pero cada vez que estoy con el ánimo un poco bajo, salgo a las tiendas, y aunque no me compre nada, me entretengo viendo las cosas lindas. Me imagino que eso será porque en mi juventud no pude hacerlo. En Cuba, con las limitaciones económicas y las grandes necesidades del pueblo, se podía comprar solamente lo que a uno le tocaba por la libreta de abastecimiento de productos industriales. Un par de zapatos, 3 metros de tela, un vestido, una falda, una blusa y un abrigo,anualmente. Además no se podía ir de compras cuando uno quisiera sino el día que le tocaba comprar. Recuerdo que los centros de trabajo le daban a las trabajadoras la tarde de ese día libre para que pudieran adquirir las cosas necesarias para la familia, pues las tiendas cerraban a la misma hora que los demás trabajos.
Mi libreta de abastecimiento era del grupo de la C1, las había de la A, B, C, D y no recuerdo cuantas letras más, pero la verdad que uno al cabo de los años piensa que eso es increíble, que le programen a uno hasta el día en que puede ir a comprar.
Luego de ir a las tiendas el día que le tocaba a uno, con suerte encontraba algo que le sirviera y le gustara. Muy contento se iba uno a casa, para estrenarlo el fin de semana, y ay sorpresa, cuando salía a la calle con su estreno se encontraba otras 20 mujeres vestidas con la misma prenda. Eso me hizo aprender a coser desde joven, y hacía inventos maravillosos, con vestidos viejos de mi madre, aprovechando las telas de buena calidad que ya no había en Cuba, me hacía diseños originales, y a todo el mundo le decía que eran "de afuera", es decir de los Estados Unidos que era de donde venían las cosas lindas a Cuba. En realidad no mentía, pues eran de afuera, de afuera de mi casa, pues yo cosía en el patio, jajajajaja.
Este paseo del día de hoy estuvo lleno de curiosidades, pues mi amiga es muy conversadora y comparte con las dependientas de las tiendas muchos detalles de su vida, la de hoy la oyó cantar una de las canciones que ella compone y recitar un poema hecho por ella, pues tiene facilidades literarias, acaba de terminar su primera novela y está muy entusiasmada con ella. Yo espero ansiosa a que me la dé a leer.
Ahora ya son las 12:00 de la noche y comparto con ustedes este comentario, les deseo que descansen y duerman bien, porque yo, ya me voy a la cama.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Todavía me pregunto que escribiré, pero ya estoy decidida a comenzar

Hoy es miércoles, un día frío en que a uno le apetece estar en casa bien abrigadito, haciendo lo que más le guste hacer y aprovecho para iniciar este blog, sin todavía tener idea cierta de lo que quiero escribir en él.
De momento solo escribiré anécdotas y cuentos que me vengan a la mente y que quisiera compartir con mis amigos, ya que hay que empezar por algo, y quiero utilizar mi tiempo en labores creativas, ahora que he llegado a una etapa de la vida en que mis hijos crecieron, se independizaron, nacieron mis nietas y ya van creciendo lo suficiente para dejarme tiempo para realizar este tipo de actividad.
Me gusta mucho leer y por supuesto como todo aquel que disfruta un libro y se ve involucrado en las historias que cuenta el mismo, algunas veces he pensado en escribir uno. Mis tentativas literarias solo se limitan a pequeños cuentos que escribí mientras estuve en el colegio y a otros que se me ocurrían cuando ya tenía mis niños nacidos.
Quiero comentarles que tengo una imaginación muy desarrollada, y que aunque la vida me jugó una mala pasada, al dejarme deficiencias auditivas desde niña, puedo al ver un paisaje hermoso escuchar en mi mente una linda melodía, entonces ¿no creen que mi imaginación es buena?.
Bueno, un saludo caluroso para quien tenga la paciencia de leer lo que se me ocurra escribir aquí.