La Habana, mi linda Habana

La Habana, mi linda Habana

domingo, 24 de octubre de 2010

Trabajos de tejido a ganchillo

Un pequeño tapete

Ahora quería mostrarles lo que estoy creando a crochet.

Cojín tejido a crochet.











Montajes y marcos de fotos en Photoshop






Sólo me falta compartir algunos de mis montajes de photoshop, haciendo marcos para fotos,espero que les guste.

Découpage y florecillas en porcelana fría




Mis cuadros de pintura acrílica




Aquí pongo otras fotos de mis creaciones.

Algunos de mis hobbys


Hoy se me ha ocurrido que podía compartir en este blog, algunas de las cosas que realizo. En verdad no es que me sobre el tiempo, sino que con los años,buscando cosas que entretegan y mantengan activa mi mente, me ha dado una fiebre creadora de película. Tejo, coso, pinto, hago manualidades, modelo con porcelana fría florecitas, bueno, ya quisiera yo, eso, estoy tratando de aprender a hacerlo a través de Internet, porque en España no hay mucha tradición de estas manualidades de porcelana, por lo menos eso me parece, después de buscar en Internet y de preguntarle a mi profesora de manualidades. Veo que en las tiendas especializadas, no venden muchos artículos para esta técnica, así que creo que mis suposiciones son acertadas.
Se me olvidaba hablar del Photoshop, que un día descubrí las infinitas posibilidades que tiene, y cada día aprendo algo nuevo de él, y hago marcos decorativos para las fotos, fondos de pantalla con mis fotos queridas y con otras bajadas de Internet, bueno, en fin todo lo que se le ocurra a mi cabeza realizar y esté a mi alcance hacerlo. Les pongo algunas fotos.

viernes, 21 de mayo de 2010

Mi familia paterna. Los Martínez de la Cerda.



Los Martínez         



 

 Los De la Cerda





   Tía Lala y Cucú, mi tía abuela y mi prima. 





 Atutita, la bisabuela
Hoy le toca el turno a mi familia paterna, los Martínez de la Cerda. Era una familia de La Habana, por lo tanto más cosmopolita y que vivía con más comodidades que la de mi madre que era de un pueblo de campo.
Mi abuelo, Antonio Santiago Martínez Rodríguez era hijo de un emigrante asturiano, de San Román, que había llegado a Cuba a mediados del siglo XIX. Poco después se casó con una cubana, Calixta Rodríguez natural de Regla y tuvieron 5 hijos, una de las hijas nació también en Asturias. Este matrimonio mantuvo siempre las tradiciones asturianas en la familia, y mi abuelo, a pesar de no conocer España siempre se dedicó a fortalecer las labores de la colonia asturiana en La Habana. El fue vocal de la junta directiva del Centro Asturiano de La Habana muchos años, y personaje muy conocido y querido entre ellos. En mi   casa siempre se disfrutó de la Sidra El Gaitero, que se la regalaban a mi padre los asturianos del Cerro que además de pacientes eran amigos. La fabada estaba presente en nuestra mesa muy frecuentemente, las croquetas eran hechas de la misma forma que en Asturias, cosa que pude comprobar muchos años después al emigrar a esta provincia española. Mi abuelo Antonio, para mí, Papó, era torcedor de tabacos habanos en una fábrica habanera. Recuerdo de él que era una persona muy jovial y pintoresca, hacía poesías, contaba cuentos, coleccionaba envases de cristal, no sé si con idea ecologista o sólo por afición y para mí era muy querido. Cuando lo conocí, ya él no trabajaba, era un jubilado, pero como buen cuentista, me pude enterar de todas las peripecias de su vida. Hizo sus pinitos hasta como político, se postuló para representante, aunque no salió electo, y fue también consejero de educación del municipio dónde vivíamos.
Mi abuela Virginia de la Cerda, o mejor PROTA Virginia de la Cerda, nombre que nos causó mucha risa cuando lo conocimos, y que ni ella misma sabía que era su nombre, hasta que un día sacó una inscripción de nacimiento, que parece que en aquella época no se usaban mucho, porque ella se enteró del nombrecito cuando ya era mayor. No puedo olvidar la cara de mi abuela cuando conoció esto, le parecía algo increíble, llamarse Prota, jajajaja. Como ven en aquella época era una gracia ponerle a los niños nombres tan horrorosos como Petronila o Prota. Virginia era hija de cubanos, el bisabuelo de La Cerda se casó dos veces, la primera vez tuvo 3 hijas, Virginia, mi abuela, que era la mayor, luego Cesarina, y Georgina. La bisabuela murió muy joven cuando las tres niñas eran pequeñas, y mi abuela me contaba que ella tuvo que hacerse ama de casa a los 7 años, su padre le fabricó un banquito para que pudiera cocinar pues no llegaba a las hornillas. Creo que eso fue lo que contribuyó a que ella tuviera un carácter tan fuerte, pues se convirtió de niña en mujer, teniendo las responsabilidades de una casa y la crianza de las hermanas. Cesarina vivió muchos años, y tuvo muchos hijos, pero Georgina murió joven también como su madre. El bisabuelo de La Cerda se volvió a casar al poco tiempo de morir su esposa, con una vecina joven que se llamaba Virginia también. Mi abuela me contaba que enseguida empezaron a llegar los bebés de nuevo, y entonces nacieron sus otros hermanos, pero ella siguió con sus obligaciones, ayudando a criar a los cuatro que nacieron de este matrimonio. Todos fueron muy unidos, en realidad se querían muchísimo, y todos le decían a mi abuela “Nené” que era para ellos como una segunda madre. Atutita que así bautizamos a Virginia la bisabuela nueva, era una mujer muy buena y cariñosa, y todos los nietos, los de ambos matrimonios le decían Abuela.
A pesar de sus obligaciones en la casa, mi abuela estudió y se hizo maestra, tenía una sólida cultura, y carácter muy fuerte, asi cuando yo era pequeña la conocí como directora de la escuela primaria de Rancho Boyeros, que se llamaba General Alemán.
La vida no la trató muy bien, y era amargada, aunque tenía un buen sentido del humor. Tuvo la desgracia de perder a su madre siendo niña pequeña, y luego la vida no la compensó, porque perdió a su esposo y a sus dos hijos jóvenes, y ella vivió hasta los 80 y tantos años, con mente lúcida y muy dispuesta para hacer de todo.
Tenía grandes habilidades, sabía coser, bordar, cocinar, era una repostera magnífica y en la costura hacía hasta un traje de hombre si se lo proponía y todo de forma autodidacta. Pintaba muy bonito, estudió en la Academia de San Alejandro, de dónde salieron todos los grandes pintores cubanos, hacía modelados con cerámica fría, en fin todo lo que se proponía salía de sus maravillosas manos. Un día nos contaba que mi abuelo tenía un pantalón hecho con una tela que se estiraba mucho, y se iba a trabajar con él, y cuando regresaba, pues venía con el pantalón arremangado porque se había estirado. Ella pacientemente le cogía el dobladillo, y cuando se lo volvía a poner pues pasaba lo mismo. Hasta un día que se decidió a zafar todo el pantalón y con la tela le hizo un traje de chaqueta a mi tía, y le sobró, no sé si era exageración, porque sacar de un pantalón un traje completo, jajajaja, pero bueno, nos reíamos con sus cosas.
Virginia y Antonio tuvieron dos hijos, primero mi padre Mario Antonio Martínez de la Cerda, y luego una niña que se llamó Georgina en honor a la hermana de ella muerta, pero que siempre fue conocida por Nina, mi querida tía.
Nina y Mario se querían muchísimo y eran muy unidos. Nina era maestra hogarista, y trabajó años como maestra de preescolar. Y mi padre, como ya les he contado se hizo médico.
Al pasar los años, mis padres se casaron y salieron de la casa familiar para vivir en una casa al lado que se comunicaba por el patio. Nina se casó y siguió viviendo con mis abuelos. Mi tío político era un hijo de español, que era oficial de la Marina, se llamaba Gonzalo Eduardo Mora, y yo siempre le dije Pepén. Para mí fue un tío verdadero, y lo quise siempre así. Ellos tuvieron a Teresita mi única prima, que para mí siempre ha sido como una hermana. De pequeñas nos vestían iguales, nos compraban los mismos juguetes, y como buenas hermanas pues no dejábamos de pelear continuamente. Yo no tuve hermanos, y ella tuvo una media hermana por parte de padre pero bastante mayor que ella. Así que pienso que para ella yo también fui una hermanita.
Ahora dejo este comentario, para descansar yo y hacer descansar a cualquier posible lector, ya que cuando empiezo a escribir, pues parece que me han puesto un motor a propulsión, y mis dedos corren por el teclado a gran velocidad. Un hermoso día les deseo a todos.

jueves, 8 de abril de 2010

Las Campa


Mi tía abuela Cosette

Hace ya días que no escribo ninguna anécdota pues he tenido problemillas de salud, pero ya me picó el gusanillo de querer escribir, y aquí me tienen.
Les voy a contar de Las Campa, mi familia en San Diego. El bisabuelo Campa, que no sé su nombre, se casó dos veces. Del primer matrimonio tuvo dos hijas, Petra y Carmelina Campa, y del segundo Peché y Cosette, mi abuela y tía abuela respectivamente.
Las cuatro hermanas eran bien llevadas y así pude conocer detalles de ellas, ya que mi madre tuvo muy buenas relaciones familiares con sus primas.
Carmelina según me cuentan, era muy guapa, pero también muy borde y amargada, por eso se ganó el sobrenombre de “jazmín de 5 hojas”. Al parecer esta planta es muy bella y tiene un perfume embriagador pero su aceite es muy ácido, así que no encontraron nada mejor para calificarla.
Petra, como le decían, pues tenía el “hermosísimo” nombre de Petronila, jajajaja, era una mujer bonachona, gruesa y muy simpática, muy diferente de su hermana.
Carmelina se casó y tuvo una hija que se llamaba Dulce, la prima que más quería mi madre y con la que se llevaba estupendamente. Petra que yo recuerde tuvo también una hija, cuyo nombre era Rina, así que yo soy tocaya de ella. Rina también era muy querida por mi madre, y era una mujer joven llena de alegría como Petra.
Bueno, contándoles de Petra, ella se casó con un jugador de beisbol que jugaba en las Grandes Ligas de Estados Unidos, y siempre estaba de viaje, mientras ella se quedaba con la hija en Cuba. Un día, me contaba mi madre que estaba de visita en su casa, y Petra entró al baño a asearse y se demoraba mucho lavándose sus partes íntimas. Rina su hija, entró al baño y le dijo, pero Mamá que es eso, acaba de salir ya. Y ella muy campante le contestó: Mira, hija, si no come que beba… Jajajaja. Cuento esto a modo de ejemplo de la forma de ser de Petra. Con los años, el marido regresó a Cuba, pues se le “cayó el brazo” como decían de los pitchers que no podían lanzar más.
Las otras dos hermanas, Peché y Cosette eran bien llevadas y vivían en la misma casa, sólo hubo una temporada en que se mudaron a casas contiguas, cuando Cosette se casó, y mi abuela Peché tenía a sus hijos pequeños.
Peché era una mujer culta, muy educada y muy hermosa, pero era más seria que Cosette. Enviudó muy joven, yo no conocí a mi abuelo Cué, que murió cuando mis padres no se habían casado todavía. Los tres hijos la adoraban, por ser ejemplo de madre, y el que vivía con ella era mi tío Gustavito. Vica vivía cerca y mi madre en La Habana a 300 kilómetros.
Cuando mi abuelo Gustavo enfermó de cáncer, como era médico y sabía que se acercaba el final, se mudó a una casa de huéspedes en La Habana, en la calle San Rafael, para tener al médico especialista siempre cerca. Mi abuela Peché lo visitaba todas las semanas, y los hijos iban también a menudo a verlo, entonces se hospedaban en casa de Carmelina que al casarse había ido a vivir a Rancho Boyeros, pues su esposo era de allá. Fue así como se conocieron mis padres. Según los cuentos, mi madre conoció a mi padre, pues él era muy amigo de Dulce su prima, ya que eran vecinos. Un día estaban sentadas mi madre y su prima en el correo de Boyeros y él pasó, y las saludó y le quitó un abanico que mi madre tenía en la mano, así empezó su cortejo, y empecé yo a tener esperanzas de venir al mundo.
Se hicieron novios, y mi abuelo tuvo la oportunidad de conocer a mi padre pero no pudo estar en la boda de ellos, pues el noviazgo duró 7 años, esperando a que él se graduara de médico.
Mi abuela Peché iba a pasarse largas temporadas a nuestra casa en Rancho Boyeros cuando ella se jubiló, a veces se pasaba 3 meses, y cuando ella partía, pues iba Cosette a pasarse otros tres meses, así siempre fue durante toda mi infancia. En las vacaciones iban a veces las dos con mi primo y se pasaban los 3 meses de vacaciones de la escuela en La Habana, disfrutábamos mucho, porque a mis padres les gustaba mucho pasear y todos paseábamos juntos. En estos paseos también participaba mi familia paterna, de la cual aún no he empezado a contar, y que será el tema de mis próximos relatos.