La Habana, mi linda Habana

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jueves, 1 de agosto de 2013

Un equívoco tragicómico



Hoy quería escribir acerca de un equívoco que vivimos con mi madre hace muchos años. Como les he contado, ella era alegre y simpática, pero hubo un período de su vida, que se enfermó de los nervios debido a que empezó a darse cuenta que no veía bien por tener cataratas en un ojo. Fijó la idea de que se iba a quedar sorda y ciega y que era un castigo de Dios. Vaya usted a saber las cosas de la mente humana.
 Cuando esto empezaba, pues constantemente, ella cerraba el ojo por el que veía a ver cuánto había progresado la catarata. Al llevarla al oftalmólogo, éste me explicó que tenía una catarata incipiente, que todavía no era necesario operar. Que era mejor esperar, pues como no había los adelantos que hay hoy en día, tendría que tapar el ojo sano, porque sino vería doble con un ojo operado y el otro con visión normal. Yo lo entendí perfectamente, pero ella no, y cada día se ponía más preocupada, y constantemente estaba haciendo la prueba de cuanto había avanzado su ceguera, como ella decía.
Un día, parada en la puerta de la calle, mirando a lo lejos, hizo la prueba, a ver si aún veía a lo lejos, y luego se sentó en el portal, como ella acostumbraba.
En nuestro pueblo vivía un señor, al que le gustaba un poco beber, no digo que fuera borracho, pero si que empinaba el codo a cada rato y dio la casualidad que estaba pasando por frente a mi casa cuando mi madre hizo su famosa prueba de visión. Parece que pensó, que ella le estaba guiñando el ojo a él, pues comenzó a pasearse por la calle, arriba y abajo, sin parar, como un adolescente enamorado.
Yo, que estaba adentro de la casa, haciendo las cosas pendientes, veo a mi madre entrar, toda alarmada, que me dice:
- Oye, mira hija, yo creo que este señor se ha equivocado, pues no para de pasarme por delante, ya ha pasado como cuatro veces.
Y pues si señor, claro, como no iba a pasar, si ella le guiñó el ojo varias veces, jajajajaja.
Todo quedó ahí, pues nuestro vecino que era simpatiquísimo, empezó a bromear con ella y como era amigo del galán paseante, lo llamó y le explicó lo que pasaba.
 Siempre bromeábamos con mi madre, y él le decía, a ver, no se haga la bobita, que usted le estaba sacando fiesta, jajajajaja.

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