La Habana, mi linda Habana

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sábado, 15 de octubre de 2011

MI QUERIDO PADRE



Hace mucho tiempo que no escribía para este blog, mi última entrada fue acerca de mi querida madre, a quien tanto echo de menos, y que desde hace trece años no la tengo conmigo.
Hoy quiero escribir de mi querido padre, un ser especial y único. A él no tuve la dicha de disfrutarlo muchos años, pues murió joven, no había cumplido los 55 años cuando nos dejó. Yo en esa época sólo tenía 19 años, los que pude disfrutar de su presencia. Para mí, no sólo fue mi padre, sino un amigo incondicional, que siempre me animó, me ayudó y me dio mucho cariño. Creo que fue la única persona en el mundo que me aceptó tal cual soy, con mis defectos y virtudes. Ya se imaginarán lo que significó en mi vida su pérdida, fue el primer golpe demoledor que recibía, un jueves por la tarde lo vi llegar super contento de su consulta y subir corriendo las escaleras, y ya el sábado amanecíamos  sufriendo por su partida. En dos días mi vida se desmoronó, creo que no puedo decir con palabras lo que aquello significó para mí.
La vida nos dio un vuelco de 180 grados, pues él era muy protector y siempre estaba ocupándose de que no nos faltara nada. En Cuba, ya en esa época, la revolución llevaba 10 años en el poder, y las escaseces eran tremendas, pero mientras mi padre vivió, nunca nos faltó nada, él tenía muchas relaciones y amistades y todo o casi todo lo resolvía. No piensen que me daba todo lo que pedía, porque en eso era muy claro, yo no era una hija malcriada, bueno, un poquito nada más, jajaja. Pero narro esto, porque  fue precisamente con su pérdida que me tuve que enfrentar a la vida. Los numerosos amigos y pacientes que siempre estaban dando vueltas a su alrededor, de pronto desaparecieron, más nunca los volvimos a ver, y los que antes le resolvían a él dificultades cotidianas, también de pronto se les hizo imposible seguir resolviendo esas dificultades. Fue en ese momento cuando la familia nos dimos cuenta de que amigos verdaderos no había muchos, sólo algunos.
Bueno, quiero contarles sobre él, era una persona maravillosa, y eso no lo digo yo solamente, sino muchas personas con las que me he encontrado que aún ahora lo recuerdan bien. Siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás, y tenía un carácter muy bueno, simpático y ocurrente. No era un hombre guapo, lo que se dice guapo, sin embargo tenía a las mujeres siempre detrás, por su forma de ser y su carisma. Además era psiquiatra y sabía cómo tratar a las personas.
Su vida no fue una vida regalada, él empezó a estudiar medicina con mil sacrificios, pues mi abuela era maestra y mi abuelo torcedor de tabacos en una fábrica de puros, por lo que eran de la clase trabajadora y no tenían altos ingresos para costear una carrera universitaria. Sin embargo mi padre la hizo, era muy inteligente para todo, para los estudios y para la vida también. En medio de sus estudios, en Cuba cerraron la universidad varias veces, por las luchas estudiantiles en contra del tirano Gerardo Machado. Y en esas temporadas, él trabajaba, primero empezó a trabajar en una fábrica de calcetines que había en la calle donde vivía, en el mismo reparto. Allí llegó a ser jefe de turno, y confraternizó con todos los jóvenes del pueblo que trabajaban allí, por eso lo querían mucho y lo conocía todo el mundo en el reparto. Luego comenzó a trabajar de laboratorista en la Quinta Covadonga, el Centro Asturiano de La Habana, y así por temporadas hasta que se pudo graduar de médico y entonces pasó a trabajar en ese mismo centro en Nerviosas y Mentales y empezó su especialidad de Psiquiatría.
Al principio me contaba que ganaba muy poco, y que los paseos con mi madre eran en tranvía, desde Boyeros donde vivían hasta La Habana, que sólo costaba 20 céntimos en ese momento, qué tiempos aquellos. Luego fue prosperando, y poco a poco se unió además con otros médicos y puso su consulta particular, así que trabajaba de día en la Quinta y por la tarde en su consulta. Años después abrió otra consulta con varios médicos en Boyeros, esa era para la gente del pueblo, mucho más económica. Mientras fui niña, siempre vi como querían a mi padre los vecinos y demás amigos del pueblo. Cada noche, cuando él llegaba de su consulta, había 6 o 7 personas en casa conversando con mi madre y esperando que llegara para plantearle problemas de salud, que por cierto nada tenían que ver con la psiquiatría. Y él a pesar del cansancio de todo un día de trabajo, los atendía amablemente y cada uno salía contento y feliz de allí.
Mientras él vivió, en mi casa todo eran risas y alegría, nos sentábamos a comer y nos reíamos y disfrutábamos muchísimo de ese tiempo en familia. Mi madre siempre fue muy alegre, pero no le era difícil, teniendo un compañero como él que tenía a su lado.
En las fotos que publico, aparecen recortes de periódico de aquella época, que mi abuelo paterno coleccionaba. Esas notas son referentes a mi padre, cuando fue designado como auxiliar de Nerviosas y Mentales. Además un testimonio de gratitud de un paciente para con él, y la obtención de una beca para estudiar en Estados Unidos. Lo publico como testimonio de que era un médico brillante y que por su esfuerzo propio logró ascender y lograr becas, cosa que no era tan fácil de lograr.
Bueno, de él tengo mucho más que contar pero ya va siendo hora de terminar, pues tengo a mi nieta despierta a mi lado y van a ser las 12 de la noche. Pronto publicaré más anécdotas de él con los hermosos recuerdos que guardo de su existencia en mi vida. Hasta pronto.

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